Scarlett Sepúlveda

Manipulación mediante técnicas de sicología del comportamiento, dilemas de identidad, difusión masiva de información, son algunos de los problemas que muestra el reciente documental de Netflix. Mezclado con una historia ficticia, los creadores exponen dilemas sobre redes sociales que van más allá de las fronteras digitales.

«El Dilema de las Redes Sociales», ha generado diversas discusiones en el mundo en torno a las redes y la influencia de estas en las personas. La pieza dirigida por Jeff Orloswki, muestra el mal uso de la tecnología y sus algoritmos, respaldado por extrabajadores de alto rango de grandes compañías como Google, Facebook, Twitter, Instagram, YouTube y Pinterest. El argumento de fondo se teje a través de sus testimonios y la historia ficticia de una familia de clase media, cuya vida y dinámicas de comunicación en el hogar se ven afectadas por la comunicación digital.



En el programa «Viaje al Centro de los Datos» conversamos con la académica de la Universidad Católica, Magdalena Saldaña, Investigadora del Núcleo Milenio Fundamentos de los Datos. «The Social Dilemma» sí fue de su gusto, aunque considera que “hay algunas partes del documental que efectivamente son muy exageradas” y “otras que no se desarrollaron mucho. Trata, tal vez, a los usuarios de redes sociales de una forma muy paternalista, muy de gente víctima que no tiene mucha agencia con respecto a lo que puede decidir”.

La historia de ficción que la producción toma como columna vertebral para hilar el relato presenta a Isla, la adolescente de la familia. Adicta a su celular y a las redes sociales. Una joven que se deja influenciar por los likes en sus fotos y los comentarios de sus amigos virtuales. Una situación que afecta a muchos jóvenes que realizan su vida según lo que sus seguidores esperan de ellos.  

Orejas de gato, maquillaje, distorsión o mezcla de caras son algunos de los filtros ofrecidos en las aplicaciones de fotografía. Los más deseados por los jóvenes son aquellos que editan cada facción del rostro haciéndolo “más bello”. Esto se conoce como la dismorfia de Snapchat, un trastorno que está provocando que distorsionen su imagen real con la imagen alterada por filtros, impulsando a muchos a querer operar su cara para parecerse más al de la fotografía y menos al que está frente al espejo.  

Esto se convierte en un gran problema para la juventud y la construcción de su identidad, ya que, como explica Magdalena “yo me presento de manera de gustarle a otra gente, y no necesariamente de la manera que realmente soy”, dejando en evidencia el dilema de los adolescentes que solo buscan gustarle a sus espectadores virtuales.   

Otro problema es el de los contenidos que los algoritmos nos ofrecen. La académica PUC destaca la importancia de la alfabetización digital: tener la capacidad de distinguir buenas y malas fuentes y dar correcto uso a las herramientas que se nos ofrecen en el mundo digital. El poco conocimiento se mezcla con la falta de regulación sobre las publicaciones que circulan en las redes. El resultado: creación y difusión masiva de contenido engañoso o falso.

¿Quiere decir que no es buena costumbre informarse a través de las redes sociales? No necesariamente. La experta consultada dice:  “No tengo problema con esto de informarse en redes sociales mientras tu sepas de donde viene la información”. Advierte que no es lo mismo ver una publicación de un medio de comunicación conocido y de confianza, que la publicación cuyo origen es desconocido y llega a ti a través de un familiar o amigo.



Así como tienen de virtuoso el permitir diversidad de contenidos y creadores, las tecnologías de comunicación digital también favorecen dinámicas cuestionables: las burbujas entre usuarios. Dicho en sencillo: al identificar nuestros gustos, los algoritmos nos entregan más contenido de un tipo y van quitando aquellas cosas alejadas de nuestra preferencia. Esa burbuja favorece al marketing digital porque puedes llegar con un producto exactamente a las personas que querrían comprarlo. Pero la cosa se complica si en vez de un par de zapatillas te ofrecen un candidato o una idea política. Burbujas de personas interactuando entre iguales impactan en la democracia y la falta de diversidad podría provocar polarización y discursos de odio contra todo aquel que piense diferente.

El poder de internet sobre la política es grande. Un ejemplo de esto son las elecciones de Estados Unidos del 2016 y la influencia de Rusia para el triunfo de Donald Trump. «The Social Dilemma» presenta el testimonio de Roger McNamee, uno de los primeros inversores de Facebook, quien dice que lo que se tomó como un hackeo a esta red social para favorecer al candidato republicano, fue simplemente el uso de las herramientas para anunciantes con otro propósito: tener dominio sobre la opinión y decisión de las personas.



Los algoritmos y su funcionamiento están en el centro del documental. Para mostrar el efecto en las personas la producción presenta al hermano de Isla, Ben (personificado por el actor Skyler Gisondo) a quien los algoritmos toman como un muñeco vudú. Con él explican que, si tú no pagas el producto, entonces tú eres el producto. Al descargar una red social, que es gratis para ti y es sustentada por publicidad, tú eres quien se está vendiendo, ya que tus datos, tus gustos, quedan en manos de quienes luego te ofrecen productos que podrían ser de tu interés.  

Magdalena Saldaña nos explica que “existe un algoritmo que me muestra las cosas que me gusta, que utiliza mis datos para mandarme publicidad super dirigida, o mostrar ciertos posts que el algoritmo cree que me van a gustar y efectivamente me gustan”.

¿Es un camino sin salida?   «No es un camino sin salida. Se puede engañar al algoritmo», agrega la académica de la Universidad Católica.

Por Editor

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